El coste personal de la despoblación

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¿Qué es la despoblación? Esta pregunta puede parecer absurda, porque actualmente todos creemos entender y saber el auténtico significado de este fenómeno. La despoblación es un término hoy manido, continuamente en boca de las figuras públicas. Pero para entender realmente la magnitud de lo que esconde esta palabra tendrás que leerte La lluvia amarilla de Julio Llamazares.

C.C.M.

Porque la despoblación es un fenómeno simple, pero al tiempo cruel y muy complejo. Buen reflejo de ello es que mientras la población española ha crecido exponencialmente en los últimos 50 años, hasta alcanzar un total de 47.394.223 habitantes a 1 de enero de 2021, según datos del INE, el fenómeno de la despoblación geográfica también se ha consolidado.

Es el drama actual que recoge y denuncia Sergio del Molino en sus libros, La España vacía y Contra la España vacía. Pero antes que él, en el 1988 cuando la despoblación de la España rural empezaba a ser un hecho silencioso y silenciado, Julio Llamazares escribió una obra que se ha convertido en mito y símbolo del éxodo rural, titulada La lluvia amarilla.

Llamazares confesaba sobre su propia obra que cuando la publicó pensó que sería la más minoritaria y marginal de todas. Sin embargo, la novela fue entendida por muchos como “una especie de Biblia de una religión pagana, la que reivindica el campo como paraíso perdido”, en palabras del propio autor.

La razón fue probablemente que a partir de los años ochenta la globalización favoreció una progresiva y acelerada movilidad territorial dentro de España. Así y según datos del INE, España pasó de unas 300.000 migraciones interprovinciales anuales en los ochenta a superar las 600.000, ya entrado el siglo XXI. Y es que, prosigue el INE, en los actuales años 20 del nuevo siglo, “más de la mitad de los municipios de toda España están amenazados de extinción demográfica”. Un riesgo real de facto para un 80% de los pueblos en al menos 14 provincias españolas.

A nadie le puede extrañar, por tanto, que más de 30 años después de su publicación, La lluvia amarilla sea un auténtico long seller inspirador para autores como el propio Molino o para directores de teatro como Jesús Arbués, quien dirige la adaptación de esta obra, en cartel en el Teatro Español hasta hace unos días y que comienza su gira por el resto de España.

Porque lo que describe La lluvia amarilla no son las cifras de la despoblación, tampoco sus teorías políticas, ni sus pérdidas de valor económico. Lo que reflejan sus páginas, con una sencillez y claridad que asusta, es el insalvable impacto social de este fenómeno por convertirse, nos guste o no reconocerlo, en un drama muy personal y que ha acompañado a muchos hasta el final de sus días, desde los años 80.

La devastación que deja la despoblación es algo personal

Es a través de Andrés de Casa Sosas, el último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo oscense llamado Ainielle, que vivimos el gran drama humano de la despoblación. Andrés se enfrenta a su muerte, a su última noche, que marcará no sólo su fin, sino el fin de su pueblo.

Sólo y enfermo rememora poco a poco la historia de Ainielle, de sus vecinos que ya no están, en una especie de agonía y locura, que empezó ya mucho antes, fruto de la vejez y la absoluta soledad y en la que ha vivido desde el suicidio de su mujer, Sabina, ocasionado por la tristeza y la demencia de saberse los únicos habitantes de un pueblo, casi completamente fantasma.

Si tuviera que resumir lo que transmite este libro es angustia. Esa angustia que acompaña a la soledad, al paso del tiempo, al saberse muerto antes de morir, a la cordura y a la locura… a la despoblación. La angustia del que se ha resistido hasta el final y ha acabado siendo el último eslabón de la cadena de este fenómeno. Porque La lluvia amarilla habla en realidad de la pérdida de la memoria, de la identidad y de la disolución del yo. Porque como dice Andrés: “Cuando el miedo atraviesa mis ojos, La lluvia amarilla va borrando de ellos la memoria y la luz de los ojos queridos” y los borra mucho antes de que el proceso de despoblación culmine. El ‘amarillo’ conlleva, en definitiva, todos esos trastornos que deja tras de sí el fenómeno de la despoblación y que se producen en la soledad del pueblo hasta conducir a la muerte.

Volviendo al comienzo y tras leer este libro, si alguien me preguntara qué es la despoblación, sólo podría contestar tal y cómo responde Julio Llamazares en boca de Andrés de Casa Sosas en este párrafo de su obra:

“Como arena, el silencio sepultará mis ojos. Como arena que el viento ya no podrá esparcir. Como arena, el silencio sepultará las casas. Como arena, las casas se desmoronarán. Oigo ya sus lamentos. Solitarios. Sombríos. Ahogados por el viento y la vegetación. Caerán poco a poco, sin ningún orden cierto, sin ninguna esperanza, arrastrando en su caída a todas las demás. Unas, irán hundiéndose despacio, muy despacio, bajo el peso del musgo y de la soledad. otras, caerán de bruces en el suelo de repente, violenta y torpemente, como animales abatidos por las balas de un paciente e inexorable cazador. Pero todas, más tarde o más temprano, más tiempo o menos tiempo resistiendo inútilmente, acabarán un día devolviéndole a la tierra lo que siempre fue suyo, lo que siempre ha esperado desde que el primer hombre de Ainielle se lo arrebató.

Y, un día, cuando pasen los años, quizá algún viajero pase junto a las casas sin saber que, una vez, hubo un pueblo a su lado.”

Ainielle existe, está en la provincia de Huesca. Sarnago, en el que también se inspira esta obra, es un pueblo deshabitado en las Tierras Altas de Soria. Pero como ellos y sus habitantes ha habido, hay y habrá muchos más. Y por eso parar la despoblación, es responsabilidad de todos.

 

 

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