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El envejecimiento de la población, la muerte de las clases medias o la falta de acceso a la educación superior producen estancamiento social

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Vuelve el emblemático evento Books & Wine a SKR. Se trata de reuniones en las que, en torno a una copa de vino y destacados ponentes, se comenta y debate a partir de lecturas de actualidad. A los opositores estos encuentros nos permiten asentar una base intelectual útil para nuestra futura carrera laboral y principalmente porque las obras escogidas nos ayudan a comprender un poco más el decadente mundo en el que vivimos, por entrar en materia de la lectura de esta sesión.

MARIELA CALVO RODRÍGUEZ

Books & Wine, en stand by durante la pandemia, es una actividad pensada para que los opositores asistan y participen y de una forma relajada y tranquila se establezca un espacio de diálogo y reflexión. En la cita del pasado 4 de octubre presentaron el libro del mes Kike Cortés y Jesús Fernández, lo que tuvo un cierto simbolismo en la renovada presencialidad del auditorio: la participación como ponentes de las personas que son la impronta de SKR, ambos fundadores de la pequeña academia que dio origen a lo que ahora es la Escuela de Gobierno y Transformación Pública.

Conectado online se encontraba el tercer responsable de la creación del centro, Ricardo Botet, siguiendo también la sesión. El germen de SKR en una misma sala. Y con ello no hablamos solo de personas, sino del amor al conocimiento, al análisis, al valor añadido de la formación intelectual, al debate, a las políticas y a la vocación pública.

Esta actividad, enfocada para los aspirantes a cuerpos de niveles A1, es casi una necesidad para el opositor que debe enfrentarse al ensayo ya que le provee de herramientas y acelera su preparación. Como Kike Cortés, director de SKR y actual capitán del barco de esta institución, comentaba: “Aquellos que vienen al Books & Wine suelen aprobar”. Y es que para el opositor al CSACE leer es una obligación. Leer, leer y leer. Armarse y construir su propia estructura, su arquitectura, su entramado intelectual. Estos encuentros son como un libro de Borges, en tanto en cuanto se puede pasar de autor a autor hilando y deshilando paradigmas y suponiendo una pequeña Torre de Babel que SKR aporta a sus alumnos para acelerar su formación.

¿Somos una sociedad decadente?

“Así pues, un factor importante en lo que respecta a las inquietudes de nuestra época, en la sensación de deriva y estancamiento e incertidumbre de la que se ocupa principalmente este libro, es el hecho de que la frontera física real lleve cerrada una generación o más, que por primera vez desde 1491 nos hayamos dado cuenta de que las distancias son demasiado vastas y la tecnología demasiado limitada como para que nos pueda llevar hasta un lugar verdaderamente ignoto, un lugar realmente nuevo.”

La sociedad decadente. Cómo nos hemos convertido en víctimas de nuestro propio éxito, del autor estadounidense Ross Doughat, fue el libro elegido para retomar la celebración del particular club de lectura de SKR. Para situarnos, hablamos de un autor formado en Harvard, republicano, progresista, católico y que se dedica profesionalmente a escribir, siendo columnista habitual del New York Times.

Ambos ponentes coinciden en su primera valoración del libro: es polivalente, contradictorio, provocador, transversal, invita a la reflexión y tiene ciertos vaivenes, especialmente en la parte final del libro. La sensación, quizá porque comparten edad con el autor, es, según ellos mismos expresan: “uno se siente reconocido con algunas de sus ideas… es un libro granero, que reverbera”. Así pues, la obra se presenta como un Cabinet de Curiosités, porque rescata un gran número de referencias culturales para agrandar siempre más nuestra cosmovisión.

Y eso que trata de decadencia… Y así comienza el libro, definiéndola, desde todas las perspectivas semánticas posibles. La idea centrífuga del autor es que el mundo se ha aplanado: el último gran sueño fue la era espacial, del Apolo en el 69 al Challenger en el 86. A partir de entonces el hombre se dio cuenta de que las distopias de la ciencia ficción podrían tardar demasiado en llegar, o quizás no llegar nunca. Las fronteras planetarias ya estaban totalmente exploradas y, por ende, el futuro de las expectativas, de los valores, de las ideas del siglo XX, ha entrado en una crisis que el autor describe como permanente.

Ya no hay progreso, se ha perdido la fe en el positivismo, que era última religión que quedaba. Se trata de sociedades incapaces de innovar, en las que, según uno de los diferentes vaticinios del autor, no haría falta siquiera un gran hecho que precipitase la decadencia, sino que esta podría ser, según la denomina el autor “una decadencia sostenida”, a semejanza de la lenta caída del Imperio Romano, según G. K. Chesterton: “Lo peor de todo es que no tenía por qué acabar nunca.”

Si algo hace original al libro es precisamente su pesimismo, viniendo de un autor estadounidense, lo que subrayan en su análisis tanto Kike como Suso. Doughat teoriza que la sociedad occidental está esclerotizada. La idea fuerza es que los jóvenes de hoy no van a poder vivir en la misma prosperidad que nosotros hemos vivido hasta ahora. Ello imprime en la propia obra una cierta decadencia, una nostalgia de un pasado, en gran parte, el del propio autor. Los grandes problemas, que nos han llevado hasta aquí y que determinarían nuestro futuro serían: el endeudamiento, la demografía, la educación y el medio ambiente.

Qué nos ha traído hasta aquí

El estancamiento social encuentra sus causas en una población excesivamente envejecida sin capacidad de innovar, en una juventud más preparada que nunca, pero descontenta y atrapada por una falta de oportunidades real, en una sustitución acelerada de lo real por lo virtual, en la soledad, en la muerte de las clases medias….  Y en un hecho, que el autor destaca especialmente y también que es un claro descriptor de la crisis. Existe una esterilidad social por causas precisamente ligadas al título del libro: la persecución del éxito. Y es que quizá el éxito estaba en otra parte, sugiere el autor, ejemplificando ampliamente la decadencia de los descensos de natalidad y fertilidad.

Otra de las grandes causas del estancamiento son las restricciones educativas. En este sentido el ascensor social hace años que falla. En otra de sus obras, Doughat, desgrana las élites de Harvard y su relación con el poder. Efectivamente uno de los factores diferenciales es la desigualdad de oportunidades en el acceso a la formación universitaria, señalan los ponentes.

Para Doughat otra de las causas que nos ha traído hasta aquí es la repetición, una repetición infinita que según él se ha visto reforzada con el fenómeno digital, permitiendo una homogeneización y falta de creatividad. Su idea es que ya no hay horizonte, ya no hay ilusión y todos los futuros posibles son malos, salvo que unos son peores que otros. El solucionismo tecnológico ha tocado techo. También habla de la “parchecracia”, puesto que no hay innovación, todo es kitcht, patrón, “más de lo mismo” la democracia está agotada sin esa creatividad necesaria y sin el check and balances.

Su discurso no llega a la brillantez de los de Adorno o Jameson acerca de la era de la reproductibilidad técnica, pero sí es de gran lucidez, especialmente porque su explicación, se aleja del marxismo clásico, sin dejar de criticar al sistema liberal del que él forma parte. De gran interés es también su análisis de los populismos y extremismos ligados a la decadencia del sistema.

Estas ideas son discutidas por los asistentes ya que consideran que sí que existen nuevas utopías, tendencias ligadas a los valores postmaterialistas (paz mundial, transición ambiental, solidaridad, minimalismo, feminismo y derechos LGTBI, glocalización, reruralización). Asimismo, determinados cambios tecnológicos actuales como los ligados a la biología (paleogenética, metaboloma, CRISPER) o la propia tecnología (uso de nanomateriales, IA, robótica), sí constituyen cambios de paradigmas. De hecho, también se perfila en el auditorio la idea de una “eterna vanguardia” en contra de la “decadencia sostenible de la civilización occidental” enunciada por Doughat. En lugar de una continua repetición, para los optimistas del público, las artes y ciencias de hoy siguen innovando, el conocimiento avanzando y, de hecho, la celeridad en la innovación actual no se ha producido nunca antes en la historia, lo que subraya lo paradójico del libro.

¿Hay salida?

Con respecto a última parte del libro, dedicada a la geopolítica y al futuro global, desde un punto de vista casi ficcional, hay un consenso entre los presentes: no es la parte más solvente de esta obra. El autor sigue insistiendo en el agotamiento y en el apagarse continuo de la actual civilización occidental.

Por un lado, su análisis sobre la Unión Europea como proyecto es pobre y lo califica como un proceso eminentemente negativo para los Estados, perdiendo éstos en soberanía y, tras la adhesión al euro, en poder adquisitivo, especialmente los países más pobres de la UE. Estos datos se le pueden contraargumentar con facilidad al autor. Así lo expresan Kike y Suso y el público y no sólo en términos de desarrollo, de mejora democrática, sino también económicamente. El proyecto europeo sí implica una serie de principios, valores y derechos compartidos y se basa en un modelo social más justo. Ese modelo social más justo (inclusivo, participativo, verde) es y sigue siendo su sello diferenciador frente al fagocitante capitalismo estadounidense (tan odiado en el mundo no occidental) o el modelo chino basado en una expansión que no implique nada a cambio (y de ahí “ChinÁfrica”).

Los ponentes, reivindican el valor de la Unión Europea y el propio “efecto EU”, en el sentido de que la adhesión implica el respeto tanto al acervo comunitario como la adaptación institucional del país que entra a los principios y valores que comparte la UE. Se subraya en el auditorio la unánime respuesta europea tanto durante la crisis del COVID, como actualmente con la guerra de Ucrania, siendo quizás hechos que sirvan como revulsivo para el fortalecimiento de la Unión y se avance rápidamente en temas que llevaban mucho tiempo atascados. Al mismo tiempo se señala el peligro los populismos que se están apropiando de partes de los electorados europeos.

La presión migratoria, otro de los grandes jinetes del Apocalipsis según el autor, tanto actual y la futura, con desplazamientos masivos de población por cuestiones climáticas, toca muy de cerca a Europa. Y especialmente a España. Porque es en África donde está el futuro, es allí donde están naciendo los niños del mañana, como dice Doughat. El seguir apostando por las políticas migratorias y por la regulación de los flujos migratorios podría dar una oportunidad a la envejecida Europa. En ese sentido el autor retoma las utopías Senghor o de Cesaire, acerca de “EurÁfrica”, si bien bastante olvidadas en el pensamiento occidental, algunas de estas utopias, siguen presentes en el mundo no occidental. Y puede que sea un buen momento para acercarse a algunos de esos autores frontera que quizás también nos ayuden a comprender mejor las fracturas geopolíticas actuales y hacia dónde podríamos dirigirnos. 

Seamos más optimistas que Doughat

Como colofón, finalizamos con dos citas. La primera es de Todorov, aportada por Kike, y que resume muy bien el contenido y la advertencia del libro: “los bárbaros están ya dentro, como termitas comiéndose nuestro sistema democrático”.

Y como última cita y para cerrar el círculo retomamos una cita del comienzo de la obra debatida. Norman Mailer remite a la necesidad de una ilusión trascendental en el hombre, la luna como símbolo y la llegada a ella como una reacción enzimática que acelera a toda una generación, imprimiéndole “una misión mística de la historia”. Quizá para nosotros esa enzima sea el COVID (aunque Suso subraya que las pestes generalmente no alteran tanto los sistemas), o quizás el haber llegado a los límites medioambientales de nuestro planeta. Somos testigos, somos espectadores.

Pero sintiéndolo enormemente, señor Doughat, nosotros no somos pesimistas: sí creemos en la innovación y no vamos a acomodarnos en la decadencia, sino construir mejores sociedades. Así que consideramos su prolífico y fructífero punto de vista, pero el auditorio acuerda que quizás innovar no consista necesariamente crear cosas ex novo, sino en hacerlas mejor y de manera distinta.

Para vuestro interés y caja de herramientas, os dejamos a continuación una serie de referencias, algunos contenidas en el libro, otras recopiladas gracias a los aportes de los participantes, especialmente Kike y Suso: Vallespín, Todorov, García Maldonado, Martin Amis, González Ferri, Pinker, Friedman, Sandell, Gladwell, Harari, Cerdán, Fukuyama, Walter McDougall, Jacques Barzun, Tyler Cowen, Robert Gordon, Thomas Piketty, David Graeber, Peter Thiel, David Autor, Brink Lindsey, Steven Teles, Cowen, Robert Gordon, Perry Miller, David Nye, Paul Ehrlich, Margaret Atwood; P. D. James, Miles Klee, Baudrillard, Patrick Deneen, Yanis Varoufakis, Spinoza, Nietzsche, Emerson, Whitman, Sam Harris, Barbara Ehrenreich, Harold Bloom… ¿Nada mal para una horita de charla, verdad?

No faltéis a la siguiente Books & Wine, el libro propuesto es también muy bueno. Inés Crespo nos adelantó aquí su reflexión sobre la conectividad como principal característica contemporánea y fuente habitual de los conflictos actuales. Ya estamos pensando con qué vino completaremos el encuentro. En esta ocasión el ameno debate se maridó con un vino blanco acido, fresco y chispeante, de una uva con historia, preservada gracias al trabajo de unas pocas familias, la denominación de origen es Uva Alvarín, procedente del norte de León y Sur de Asturias y que dio un color chispeante al evento.

Mariela Calvo Rodríguez oposita al Cuerpo de Técnicos Superiores de la Comunidad de Madrid y tiene formación en Letras y Ciencias Sociales. Tras trabajar como servidora pública en Palestina, Camerún, Senegal y Francia, regresa a España para continuar con su vocación por las políticas públicas y poder volcarlas en nuestra sociedad. Le interesan temas diversos, especialmente la transición ecológica y la participación ciudadana. Sus mayores hobbies: los libros y las piedras.

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